Los estimados anuncian la formación y desarrollo de entre nueve y catorce meteoros en las aguas cercanas a Cuba, con sus respectivos vientos destructores, lluvias incesantes, inundaciones de las zonas más bajas y penetraciones del mar.
Todavía quedan huellas por el paso reciente de tres ciclones tropicales, sobre todo en la zona norte de las provincias orientales y en Pinar del Río y la Isla de la Juventud, aunque de algún modo todos los territorios pueden mostrar algún vestigio. El trío dejó pérdidas por 10 mil millones de dólares y mucha destrucción de viviendas, áreas agrícolas e instalaciones diversas.
Hace sólo unos días se desarrolló en todo el país el ejercicio popular Meteoro-2009, con el propósito esencial de fortalecer la preparación contra catástrofes naturales, principalmente los huracanes, fenómeno que más afecta al archipiélago cubano.
Ciertamente, Cuba y los cubanos han logrado una cultura de enfrentamiento a los ciclones. Resultan fortalezas el alto el grado de previsión y organización, así como la adopción a tiempo de las medidas requeridas y la respuesta de la población ante las decisiones que adopta la Defensa Civil, según las diferentes fases.
Cada quien en Cuba sabe qué hacer, a dónde acudir, cómo actuar, y los órganos de dirección y mando, con los Consejos de Defensa a cada nivel al frente, ponen a disposición de la preservación de las vidas y los bienes todo lo que sea necesario, sobre la base de los planes previamente concebidos y la observación directa sobre el terreno. En ese empeño, siempre cuentan con la colaboración de los combatientes de las FAR y el MININT y sus medios técnicos, tanto terrestres, como marítimos y aéreos.
Ante la presencia de un huracán, Cuba es una sola, unida y fuerte.